Jesucristo
Comprendiendo a Jesús a Través de Sus Mensajes
Jesucristo se comprende mejor a través de Sus mensajes, que a menudo contienen parábolas (historias breves). Hemos incluido algunas aquí para que puedas comprender a Jesucristo.
La Mujer Adúltera
Jesús se fue al monte de los Olivos. Y muy de mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentándose, les enseñaba. Entonces los escribas y los fariseos (líderes religiosos judíos) le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el mismo acto de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándolo, para poder acusarlo. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía con el dedo en tierra, como si no los oyera. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.
E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, se iban retirando uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
La Parábola de la Oveja Perdida
Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: "Este hombre a los pecadores recibe, y con ellos come." Entonces Jesús les contó esta parábola:
"¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: 'Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido.' Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento."
El Pago del Tributo al César
Entonces los fariseos (rabinos judíos) se fueron y consultaron cómo sorprenderle en alguna palabra. Y le enviaron a sus discípulos junto con los herodianos (otro grupo de líderes religiosos judíos), diciendo: "Maestro," (refiriéndose a Jesús) "sabemos que eres hombre de bien, y que enseñas con verdad el camino de Dios, y que no te cuidas de nadie, porque no miras la apariencia de los hombres. Dinos, pues, qué te parece: ¿Es lícito dar tributo a César, o no?" Pero Jesús, conociendo la malicia de ellos, les dijo: "¿Por qué me tentáis, hipócritas?"
"Mostradme la moneda del tributo." Y ellos le presentaron un denario. Entonces les preguntó: "¿De quién es esta imagen, y la inscripción?" Le dijeron: "De César." Y les dijo: "Dad, pues, a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios." Al oír esto, se maravillaron, y dejándole, se fueron.
La Parábola del Hijo Perdido
Jesús continuó: "Un hombre tenía dos hijos. Y el menor de ellos dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde.' Y les repartió los bienes."
No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual lo envió a su hacienda para que apacentara cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba nada.
Y volviendo en sí, dijo: '¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.' Y levantándose, fue a su padre.
Pero cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y lo besó. Y el hijo le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.'
Pero el padre dijo a sus siervos: 'Sacad el mejor vestido y vestidlo; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.' Y comenzaron a regocijarse.
Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Y él le dijo: 'Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberlo recibido bueno y sano.' Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo a su padre: 'He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Mas cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, le has hecho matar el becerro gordo.' Él entonces le dijo: 'Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.'